Inframundo Wicca

Inframundo Wicca

En esta época del año nuestros pensamientos tienden a volverse más reflexivos. Los días se acortan y, para muchos de nosotros, los inminentes meses de invierno conllevan interminables tardes en casa. Puede ser una época solitaria; una época en la que se nos «empuja» de vuelta a nosotros mismos. Pero también puede ser una época en la que aparezcan nuevas ideas. Es posible que en nuestras reflexiones descubramos una buena cantidad de cosas en nuestras vidas que nos son necesarias. En la naturaleza también podemos ver que la semilla es todo lo que queda después de la cosecha y, sin embargo, esa semilla contiene todo lo necesario para un futuro crecimiento. La semilla es el potencial, y es conservada en el seno de la tierra hasta la primavera, cuando germinará.

En Halloween experimentamos el punto de inflexión, el «retorno a la esencia» que celebramos con el fin de el año que acaba y la concepción del nuevo año, o la reafirmación de la vida. Esto implica el descenso al Inframundo. En prácticamente todas las mitologías hay un inframundo, un lugar en el que normalmente somos juzgados y purificados, y después de un periodo de descanso, resucitados.

El arquetipo del Inframundo es muy amplio, y explorar este concepto completamente nos llevaría más de un artículo. Como suele suceder a menudo, el arquetipo puede examinarse en muchos niveles diferentes. El inframundo puede verse como un ejemplo de nuestro viaje o pasaje en nuestra evolución; como una iniciación. O puede contemplarse como un preludio a nuestro nacimiento en el mundo espiritual. En cualquier caso, somos devueltos a nuestra esencial; como la Diosa Isthar, se nos despoja de nuestras joyas y tenemos que encararnos con el Señor (o Reina) de la Muerte.

Para la mayoría de personas el concepto de la muerte resulta aterrador. ¿Qué nos espera más allá del velo? ¿Hay un cielo o un infierno? ¿Hay vida después de la muerte? No es muy consolador ver que millones de personas han cruzado ya ese umbral. Nadie puede prepararnos realmente para el viaje; de la misma forma en la que nadie puede prepararnos para la iniciación. Podemos conocer el procedimiento general pero la experiencia es única para cada persona, como lo es cualquier otra experiencia.

Podemos, sin embargo, intentar eliminar el miedo, que podría destruir la completa apreciación de la experiencia.

Cada año, al celebrar Halloween, recordamos la confrontación con el Señor de la Muerte. También recordamos a los seres queridos que ya han fallecido. Y, a pesar de ello, también celebramos la continuación de la vida, aunque puede que no con el mismo aspecto con el que estamos familiarizados, sino como el espíritu de la vida.

Altar Samhain por WilhelmineAl celebrar nos damos cuenta de que la muerte es sólo otro aspecto del ciclo de la vida; una aspecto importante. La parte más dolorosa de la muerta es tener que aceptar el hecho de que nuestros ser querido ya no se encuentra presentes en su forma física. Para los que se quedan atrás puede llegar a ser muy doloroso darse cuenta de que la persona en cuestión está entrando en una nueva fase de su evolución. En algunas religiones la muerte se celebra de forma jovial, algo que puede resulta difícil de entender para aquellos de nosotros que estamos acostumbrados a experimentar la muerte como un suceso triste.

Como he mencionado antes, nadie sabe que pasa realmente cuando morimos, aunque prácticamente todas las culturas tienen una imagen o representación del periodo que sigue a la muerte. En este artículo espero ilustrar varias imágenes diferentes del inframundo desde un punto de vista mitológico.

Es bien sabido que el culto a la muerte jugaba un papel importante en la mitología egipcia. Tenemos suficientes evidencias de momificaciones y embalsamamientos rituales para suponer que la muerte era un evento importante en la vida egipcia. Osiris, quien inicialmente era un dios de la naturaleza, se convirtió en el dios egipcio de la muerte. Uno de sus nombres era Osiris Khenti Amenti «Señor de los Occidentales», siendo Occidente lugar en el que se ponía el Sol y moraba la muerte.

En muchos sentidos no es sorprendente que un dios de la vegetación se convirtiese en Dios de la Muerte; moría constantemente en cada cosecha para renacer en la época de germinación.

Osiris, quien introdujo la agricultura a los egipcios, era también un rey sabio. Después de civilizar Egipto, quiso civilizar al resto del mundo. Durante su ausencia Isis gobernó Egipto de forma igualmente sabia. Cuando Osiris regresó el reino se encontraba en perfecto orden, pero no pasó mucho tiempo hasta que su hermano Seth urdiese una trama para derrocarle. Osiris fue asesinado y colocado dentro de un cofre que flotó a la deriva hasta la base de un tamarisco, y eventualmente fue encontrado por Isis.

Más tarde Isis llevó el cofre de vuelta a Egipto y lo escondió en el pantano. Sin embargo, Seth lo encontró por casualidad y, a fin de destruir el cuerpo para siempre, lo cortó en catorce trozos que esparció por todo Egipto.

A pesar de ello, Isis estaba decidida a recuperar las piezas y comenzó su búsqueda. Se las arregló para encontrar todas las parte excepto su falo. Embalsamo ritualmente todo las partes, lo cual restauró la vida eterna del dios. Tras su resurrección, se retiró a los «Campos Elíseos» donde daría la bienvenida a las almas de los muertos.

En el «Libro de los Muertos» egipcio, Osiris es contemplado como el mayor de los dioses, y es él quien juzga a los muertos y determina su destino futuro. Se dice que Libro de los Muertos fue escrito por Thoth quien, junto a Isis, Horus y Anubis, ayudó a resucitar a Osiris.

Papiro Juicio Osiris

El culto a Osiris es la base del Libro de los Muertos. Osiris señala la necesidad de llevar una vida pura y ofrece instrucción para alcanzar la vida eterna. En el Libro de los Muertos hay una escena de un juicio ilustrada en el Papiro de Ani (que ahora se encuentra en el Museo Británico). En el centro de la Sala del Juicio hay una balanza. Maat, la diosa de la Verdad y la Justicia se encuentra al lado de la balanza, lista para pesar el corazón del fallecido.

Cuando una persona fallecía, tenía que transitar el tramo entre los vivos y los muertos. Gracias a los talismanes colocados en el sarcófago y las contraseñas del Libro de los Muertos, el fallecido conseguía llegar a la Sala del Juicio. Después de haber besado el umbral, el fallecido entraba en la Sala, en la que Osiris permanecía sentado y en la que se encontraba la balanza. También había un monstruo presente, «Amernait», el cual devoraba los corazones de los culpables. Alrededor de la Sala se sentaban 43 jueces que juzgaban aspectos especiales de la vida del fallecido. Este debía de llamar a cada uno de los jueces, por turnos, por sus nombres, lo cual probaba que no les temía.

Después seguía el peso del alma. Horus o Anubis colocaban un ideograma de Maat, una pluma, simbolizando la verdad, en un lado de la balanza y el corazón del fallecido en el otro lado. Thoth recogía el peso en una tabla y le decía a Osiris el resultado. Si la balanza permanecía en perfecto equilibrio, Osiris juzgaba de forma favorable y el fallecido podía entrar dentro de los dominios de Osiris y acceder a la vida y felicidad eternas.

IshtarEl inframundo de la mitología Asirio-Babilonia se encontraba bajo la tierra. Era un lugar de no retorno y, para acceder a él, el fallecido debía de pasar a través de siete puertas, abandonando parte de sus vestimentas en cada puerta. En la última puerta era desnudado completamente y encerrado en «el lugar en el que moran las sombras». Al principio, la «Princesa de la Gran Tierra», Ereshkigal, reinaba sobre las regiones infernales, pero más tarde Nergal se convirtió en su esposo. Ereshkigal le dio una tabla de sabiduría para que la sostuviese y Nergal, quien había sido el Dios de la Destrucción, se convirtió en el gobernante supremo de los muertos. Una persona que sí consiguió entrar en el Inframundo y volver fue la Diosa Ishtar. Isthar, cuyo nombre significa «Hija de la Luz», era una diosa guerrera. Durante su juventud había amado a Tammuz, Dios de la Cosecha. Abrumada por el dolor, intentó rescatar a Tammuz del inframundo, y realizó el descenso a las regiones infernales.

En cada una de las siete puertas se despojó de sus joyas y, finalmente, se encontró cara a cara con Ereshkigal.

Ereshkigal la hizo prisionera y la tristeza comenzó a recorrer la Tierra.

«Shamash y Sin, su padres, acudieron a Ea en pena. Ea, a fin de rescatar a Ishtar, creó al afeminado Sasushu-Namir, y lo envío a la tierra sin retorno, con unas palabras mágicas que refrenarían la voluntad de Ereshkigal. La reina de las regiones infernales luchó por resistirse, en vano. Trató de “encantar a Ssushu-Namir con un gran encantamiento” también en vano.

El hechizo de Ea era más poderoso que el suyo y Ereshkigal tuvo que liberar a Ishtar. Ishtar fue asperjada con el agua de la vida y, conducida por Namtaru, volvió a pasar por cada una de las siete puertas, recuperando en cada una de ellas los ornamentos que había abandonado» (Larousse)

 

Esther Harding: «Ishtar se había embarcado en un aterrador viaje al inframundo y, aunque se encontraba en peligro, eventualmente conquistó la oscuridad y se alzó de nuevamente como la luna nueva, pequeña al principio, pero con el poder de recreare a sí misma… ella simboliza el poder de la vida desde la muerte. Por tanto, como Sinn, quien le había precedido, y como Osiris para los Egipcios, se convirtió en la Diosa de la Inmortalidad, la barca hacia la vida tras la muerte»

El inframundo también es un lugar de sombras en la mitología griega. En este caso también estaba situado bajo la tierra. Ciertas cavernas y ríos que fluían de forma subterránea marcaban las entradas al inframundo. Dos de estos ríos se llamaban «Aqueronte» (Río de la Tristeza) y «Cocito» (Río de la Lamentación). Antecediendo al inframundo se encontraba la «Arboleda de Perséfone», la cual debía de cruzarse para llegar a las puertas del Reino del Hades. Las puertas estaba vigiladas por un monstruoso can llamado Cerbero.

En el inframundo fluían los ríos subterráneos de Aqueronte, Cocito, Flegetonte, Lete y Estigia.

«Aqueronte era hijo de Gea. Sació la sed de los Titanes durante su guerra con Zeus y fue arrojado al inframundo donde fue transformado en un rio. Para cruzar el Aqueronte era necesario pedírselo al viejo Caronte, el barquero oficial del inframundo.

Era un anciano duro, alguien con quien resultaba difícil lidiar. A no se que antes de embarcar la sombra del nuevo fallecido presentase sus óbolos a Caronte, este expulsaría sin misericordia al intruso, tan ignorante como para desconocer los usos locales. La sombra era entonces condenada a vagar por las desiertas orillas sin poder encontrar refugio. Por tanto, los griegos colocaba cuidadosamente dos óbolos dentro de la boca de los difuntos.

El Estigia rodeaba el inframundo con sus nueve meandros. El Estigia era personificado por una ninfa, hija de Océano y Tetis. Se dice que fue amada por el Titán Palas y que tuvo cuatro hijos de este. Como recompensa por la ayuda prestada a los Olímpicos durante la revuelta de los Titanes, se decidió que los inmortales debían de jurar sobre su nombre, y tales juramentos serían irrevocables.

Aquellos que bebían de las aguas de Lete, olvidaban el pasado. Según algunos, Lete fluía en el extremo de los Campos Elíseos, y según otros, en los límites del Tártaro. Los Campos Elíseos y el Tártaro eran dos grandes regiones del inframundo», (Larousse)

Hades era el amo supremo del inframundo. También era conocido como Plutón. Fue Hades quien secuestró a Koré mientras recogía flores y se la llevó a su reino. Su madre Deméter fue a buscarla pero fue incapaz de rescatarla completamente debido a que Koré ya se había alimentado de la fruta de granada. Más adelante, Hades y Deméter llegarían al acuerdo de que Perséfone (Koré) pasase parte del año en el Hades y el resto en la tierra (esto último da lugar a la parte fértil del año).

Hécate MallarméHécate, quien originalmente era una diosa lunar, fue también una divinidad del inframundo griego. Descendió al inframundo cuando fue arrojada al Aqueronte para intentar eliminar una mancha causada por haber entrado en contacto con una mujer que acababa de dar a luz a un niño. Hécate intentó esconderse con la mujer tras haber enfadado a su madre Hera por robar su ungüento.

En el inframundo, Hécate era la Diosa de los Encantamiento y la Magia. Cuando aparecía en la tierra era acompañada por sabuesos, un símbolo lunar. A menudo aparecía en cruces de caminos y sepulturas. Podían encontrarse estatuas de Hécate en los cruces de caminos y durante la luna llena se le hacían ofrendas a fin de complacerla.

En el inframundo, los fallecidos se presentaba ante Hades y otros jueces. Una vez habían sido juzgados, eran arrojado al Tártaro o enviados a los Campos Elíseos. El Tártaro era una prisión para aquellos que habían cometido crímenes contra los dioses, mientras que los Campos Elíseos eran un lugar de descanso y tranquilidad. Los Campos Elíseos eran también denominados «Islas de los Bendecidos».

En la mitología celta nos encontramos un concepto similar a los Campos Elíseos en los «Campos de Felicidad» o Tir na nOc. Este era un lugar mágico en el que se sanaban las heridas de los guerreros y los muertos recobraban la vida. Era un lugar de festines y coito. Tir na nOc también era conocido como «margen», un lugar donde no existía el tiempo.

También había otros contrapartes a Tir na nOc que debían ser temidas, por ejemplo Ysbaddeden, en el relato de Culhwch y Olwen.

Poniendo la mirada un poco más al norte, en la mitología Teutónica, encontramos un concepto del inframundo totalmente diferente. En la tradición más temprana del mundo como un enorme fresno, Yggdrasil, que resulta más familiar. Este árbol del mundo estaba dividido en tres regiones principales: Asgard, la morada de los dioses; Midland, la morada de los humanos; y en la base del árbol había tres raíces. Una de estas raíces se encontraba sobre Niflheim del inframundo, que era gobernado por la diosa Hel. En uno de los mitos nórdicos relacionado con la muerte de Balder, recordamos nuevamente a Osiris, Tammuz o Adonis. De hecho, Balder, del mismo modo que Adonis, significa «Señor». Nuevamente el joven y bello dios de la vegetación fallece.

Balder había tenido varios sueños de maldad y peligro inminentes. Se lo contó a los Aesir (los Dioses) y su madre Frigg rogó a cada ser vivo que prometiese no dañar jamása Balder. Así lo hicieron y, a continuación, los Aesir lo pusieron a prueba tirándole piedras y otros proyectiles para ver si se le podía dañar. Sin embargo, permaneció indemne. Loki, quien observaba enfadado, se disfrazó de mujer anciana y se acercó a Frigg. Le preguntó qué estaban haciendo los Dioses, y Frigg le contó sobre el juramento que todos los seres vivos habían tomado, jurando no dañar a Balder. «¿¡Qué!? – exclamó la anciana mujer – ¿Todos los seres han prometido evitar dañar a Balder?». «Todos – respondió Frigg,- excepto un pequeño arbusto que crece cerca de Valhala, llamado Muérdago, y que consideré muy joven débil como para esperar un juramente de él».

Tan pronto Loki escuchó esto fue y creó un dardo con el Muérdago.

Regresó al lugar en el que se encontraban los dioses y vio que Hodur no estaba tomando parte porque era ciego. Sin embargo, Loki se ofreció a ayudarle dirigiendo su brazo y, al hacerlo, Hodus lazó el dardo de Muérdago. El dardo perforó a Balder y este calló sin vida.

Últimas palabras de Odín a BalderCuando los Dioses se dieron cuenta de lo que había sucedido, comenzaron a discutir una forma de enmendar este terrible error. Frigg preguntó si había alguien que se atreviese a descender a Nifheim y ofrecer un rescate a Hel a fin de que dejase volver a Balder de vuelta a Asgard. Hermod, hijo de Odín, dio un paso adelante y, montando a Sleipnir, el caballo de Odín, galopó hacia Niflheim. Montó durante nueve días hasta llegar al río Gyoll, el cual cruzó a través de un puente de oro resplandeciente.

La doncella que vigilaba el puente le preguntó qué quería, ya que no estaba muerto. Este le preguntó si Balder había cruzado el río. A lo cual la doncella contesto que sí, y señalo hacia las puertas de Hel, cerradas a cal y canto. Con la ayuda de Sleipnir, Hermod se las arregló para cruzar las puertas y cabalgar hacia al palacio, en el que encontró a Balder.

A la mañana siguiente conoció a Hela, y le rogó que dejase volver a casa a Balder, ya que todos los dioses le amaban. Ella respondió «Si todos las cosas del mundo, tanto vivas como sin vida, lloran por él, este volverá a la vida; pero si una sola de las cosas habla en contra de él o se niega a llorar, deberá de quedarse en Hel». Hermod cabalgó de vuelta a Asgard y le dijo a los Dioses lo que había escuchado. Los dioses enviaron mensajeros a todos los confines del mundo a fin de rogar a todos los seres que llorasen por Balder. Todos accedieron gustosamente y los mensajeros volvieron encantado a Asgard. Sin embargo, en su camino de vuelta vieron a la gigante Thökk sentada en una caverna. Le rogaron que llorase por Balder a fin de que este regresase del infierno, pero esta se negó y dijo «Dejad que Hela se quede con lo suyo». La gigante era, por supuesto, Loki; y Balder tuvo que permanecer en Hel.

Eventualmente Loki no puedo escapar de su castigo. Odín le encontró, después que hubiese tratado de escapar a la ira de los dioses. Le encadenó y suspendió una serpiente sobre su cabeza, cuyo veneno se vertía sobre su rostro.

Allí permanecería hasta Ragnarok, el Ocaso de los Dioses. (Tomado de Bulfinch’s Mythology).

Balder sólo resucita y es capaz de volver en paz tras el Ragnarok.

Jan Brueghel the Elder - Aeneas and theSibyl in the UnderworldEncontramos paralelismo en prácticamente todos los mitos mencionados arriba, especialmente en el caso del moribundo dios de la vegetación que desciende al inframundo, para finalmente obtener la vida eterna.

Otro paralelismo es el Inframundo como un lugar de descanso y restauración.

Muchas mitologías también incluyen la posibilidad de que los muertos se encuentren con los vivos; algo que, en la filosofía del Arte, es una de las características de Halloween, festividad en la cual el velo que separa nuestro mundo del mundo de los muerto, y los Dioses, es particularmente fino. Nuestra propia leyenda dentro del Arte sobre del Descenso de la Diosa al Inframundo discurre paralelamente a algunos de los mitos discutidos aquí. Aún así, es un arquetipo muy conmovedor, que puede ser usado en más de un nivel, ya que cada persona tiene algún tipo de Inframundo dentro de sí misma; una región a lo que no debe accederse a no ser que estemos completamente «desnudos», es decir, sin adornos, conscientes de nuestros propios puntos positivos y negativos, ¡y sin temor!

Wiccan Rede
Otoño 1985

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