«Pues sí, querida, diciembre es todavía un mes difícil» me comentaba una amiga más mayor que yo el otro día. «De alguna forma, incluso pasados tres años desde la muerte de mi marido, no consigo estar de humor para la Navidad y todas estas fiestas. Todo me recuerda cuánto le echo de menos…»

Sin lugar a dudas muchos lectores reconocerán ese tipo de comentario. De todas las festividades anuales, la Navidad es la más orientada a la familia, y las «grandes empresas» han hecho uso de este hecho en su representación con escenas «junto a la chimenea». Emocionalmente, la Navidad es un festival lleno de luces en los oscuros meses invernales, y un periodo que muchos de nosotros esperamos con ansia después de las sombrías tardes de otoño. Aunque podría decirse que la Navidad se ha sobre-comercializado, creo que incluso a día de hoy, hay una profunda necesidad, más grande de lo que la mayoría de la gente «moderna» imagina, de un festival de luz.

Luces Navidad por Kevin DooleyAl contemplar la «Rueda del Año» wiccana, es importante observar los festivales no sólo de forma individual, sino también respecto a su lugar y relación en la Rueda. Del mismo modo que la vida es el desarrollo de una serie de eventos, también así gira la rueda, dejando su huella. Los rumbos futuros se convierten en eventos pasados y, sin embargo, cada año es único: el recorrido nunca es exactamente el mismo. Hay eventos en el sendero de la vida a los que damos la bienvenida, y otros eventos que más bien preferiríamos perdernos, e incluso si suceden, hacemos lo posible para cubrir las huellas y tratar de olvidar que sucedieron.

Por supuesto algunos errores pueden ser rectificados, y los eventos y recorridos pasados pueden ser modificados, pero en general los grandes eventos como el nacimiento o la muerte dejan una huella indeleble, no sólo a nivel físico, sino también astral. Tales eventos son olvidados en la mayoría de los casos; arrastrados por el paso tiempo. Nosotros, como seres humanos, con la habilidad de recordar eventos pasados y el poder de visualizar, somos capaces de darnos cuenta que tenemos ancestros, y que muchos «han partido antes». En cierto modo nuestro sentido de la memoria nos permite cristalizar el espíritu de las almas que han partido. Algunas de sus obras pueden haberse manifestado en objetos concretos, o haber quedado registradas en libros, fórmulas científicas, argumentos filosóficos, etc. pero su personalidad, su compasión o crueldad, permanecerán grabadas de forma más intensa en la memoria de las personas. Cuán famosa (o infame) se ha vuelto la persona durante su vida, se verá reflejado en la fuerza de la imagen que su alma ha dejado en la memoria humana. (Claro está, algunos personas, a menudo artistas, se vuelven famosas después de su muerte, lo cual parece corrobora la idea de que un artista – una persona que utiliza su energía creativa al máximo –  nace «antes de su tiempo»).

Pero seamos famosos o no, cada persona, de forma singular o colectiva, deja una huella en la evolución humana. Puede que no sea difícil encontrar una afinidad con los habitantes de la antigua Babilonia (aunque ciertas personas pueden no tener ningún problema con ello), pero la mayoría de nosotros deberíamos de ser capaces de sentir una conexión con personas de nuestra propia familia, nuestra propia ciudad/pueblo, hasta unos cincuenta años antes de nuestro nacimiento.

Fate of Blodeuwedd por Paolo MarconiEn Halloween, el Padre Tiempo nos anima a despedirnos de los frutos de la cosecha. Ha llegado el momento en el que también la Diosa ha de hacer frente al Dios y aceptar sus limitaciones; ella también tiene que desprenderse de sus brillantes joyas, de suntuosos y ricos ropajes, y conciliarse con la oscura y solitaria realidad de la muerte. Pero en la muerte reside un misterio que ninguno de nosotros podemos conocer, a no ser que estemos preparados para convertirnos en la Arpía: La Diosa del Inframundo, ya que como Arpía o como Mujer Sabia, la Diosa puede comunicarse con el Dios en sus propios términos. Se vuelven uno, y el círculo de manifestación física queda completo. Ahora la semilla puede ser reactivada (en la muerte vemos la reafirmación de la vida) aunque la reactivación no tendrá lugar aún; ese es el siguiente paso. Antes de ello se da un periodo de reconciliación, un acopio de energía y un balance general de la situación.

En el contexto humano la muerte significa el fallecimiento: el desprendimiento del cuerpo físico, la confrontación con nuestras acciones pasadas, y un nacimiento en el mundo espiritual. Para aquellos que se quedan atrás la muerte de una ser querido puede implicar un periodo de duelo y dolor indescriptibles. El vacío que sentimos es insoportable, y continuará siéndolo a no ser que seamos capaces de llenar el hueco y reconciliarnos con la nueva fase a la que ha entrado nuestro ser querido. También habrá una sensación de «vacío» hasta que encontremos un modo de «espiritualizar» la presencia de nuestros difuntos. En cierto modo tenemos que trabajar con la esencia de esa persona; en otras palabras: la semillas de su manifestación física. Para muchas personas la muerte llega en momentos desafortunados. Muchas veces sentimos que hay «asuntos inconclusos», que «había tantas cosas que debería de haber dicho», etc. Los sentimientos de culpa pueden ser obstáculos enormes a la hora de reconciliarnos con lo que ha sucedido.

Para muchos de nosotros, la muerte es el fin. No podemos imaginar una realidad diferente a lo que conocemos como realidad física. Y, aún y todo, confiar a un ser querido a los brazos de los Dioses puede ofrecernos gran consuelo, y de todos modos tampoco tenemos por qué aceptar este hecho de forma pasiva.

Laberinto de Luz por ItzaFineDayAsí como la muerte en la tierra es un nacimiento en el mundo espiritual, también la muerte en el mundo espiritual implica un nacimiento en la tierra. Cuando decidimos reencarnarnos, una parte de nosotros permanece en los mundos espirituales; algunas teorías ocultistas llaman a esta parte de nosotros «yo superior». Sin embargo, pocos somos conscientes de este yo superior, y mucha gente vive perfectamente sus felices vidas sin saber nunca sobre él. Y sin embargo es una parte integral de la totalidad de nuestro yo, y es mantenido con vida por otros yo superiores que nos acompañan. Ahora bien, si aceptamos que en la tierra en cierto modo existe una situación recíproca, comenzamos a darnos cuenta de cuán importante es tratar de cristalizar la memoria de aquellos de los nuestro que «han pasado». No en vano en el Arte aprendemos que regresaremos entre nuestros seres queridos, porque son nuestros seres queridos quienes «guardan» nuestra conexión terrenal. Por esto, es misión (no importa cuán difícil y físicamente doloroso sea en el periodo de duelo) de aquellos que han «quedado atrás» guardar las semillas de los que «han marchado». (Por supuesto, esta idea es sólo parte de un extenso tema; no deberíamos olvidar que no todos los seres humanos han llevado una «buena» vida). Pictóricamente la semilla de un ser querido actúa como un faro, un punto de luz, y quién sabe: estos faros de luz bien podrían actuar como señal para las almas que se reencarnan. Después de todo ¿cómo elegimos a nuestros padres?

En el ritual de Halloween parte de la festividad se celebra en absoluta oscuridad; es reminiscente de la oscuridad total de la luna nueva, cuando la vieja Arpía se convierte en la Virgen una vez más. Es un periodo de transición total, pero también de confrontación, de reconciliación y, por último, de descanso. Es un periodo con el que muchas personas no pueden «tratar»: no podemos ver nuestro camino de vuelta a casa; la luz de la luna no está presente. Sin embargo, lo que emerge más tarde es la sutil, delicada y cristalina luna creciente: la Diosa ha vuelto en su nuevo «cuerpo».

Entre Halloween y Yule también hay un periodo de descanso. Los árboles están descubiertos, mostrándonos orgullosamente sus hermosas estructuras. Ellos también se han desprendido de sus vestiduras estivales y sus joyas de la cosecha. En el contexto humano, hemos recordado a nuestro seres queridos y brindado por su estadía en los reinos espirituales. La luz de su memoria es fuerte y, sin embargo, ya no llevamos luto por su fallecimiento; al contrario, comenzamos a darnos cuenta de que antepasados más ancestrales tomarán la decisión de volver. Puede que dudosos, están dando los primeros pasos hacia las esferas terrenales. A medida que recogen nuevo material para sus cuerpos materiales, se despedirán en los reinos espirituales. Gradualmente, sus almas entran en el plano físico para encontrar un breve lugar de descanso en el oscuro y cálido útero de la vida. El Dios y la Diosa comienzan a avivarse nuevamente: el periodo de unidad está dando paso gradualmente al retorno del sol; la promesa de una nueva vida está cumpliéndose.

Los clanes se reúnen, el tronco de Yule es arrastrado dentro del hogar, jóvenes y ancianos dan la bienvenida a la nueva vida entre ellos, y la Rueda de la Vida comienza a moverse más rápidamente a medida que la Semilla se acelera dentro del útero. ¡La Luz ha regresado!

Solsticio de Invierno por Justin Kern

Pasará un tiempo antes de que el nacimiento físico se manifieste (Imbolc) pero para nuestros ancestros la primera fase del nacimiento, la concepción, ya ha tenido lugar, en Yule.

Nuestros ancestros conocían de forma intuitiva la verdad espiritual del «retorno de la luz», y la travesía de la Rueda. Sin este conocimiento la vida sería, de hecho, insustancial; la muerte sería simplemente un final lógico para la vida, y al final no habría nada. El hecho de que celebremos antiguos festivales, incluso en su forma comercializada, podría señalar que en algún lugar de nuestra memorias también nosotros, como «personas modernas», aún reconocemos intuitivamente estas verdades ancestrales. Yule, como festival de la luz (si ¡nosotros usamos muchas velas en Yule!), nos recuerda al continuo, el transcurso de la vida, nacimiento – muerte – nacimiento. También nos recuerda la necesidad de mantener la memoria de nuestros seres queridos viva e iluminada.

Diciembre puede ser todavía un mes difícil para muchos, pero puede que sirva de ayuda intentar integrar la memoria de un ser querido en la preparación festival, en lugar de trata de olvidarlos y, por consiguiente, desterrarlos de nuestro Festival de Luz. Sólo cuando tratamos de olvidar el calor y la felicidad de alguien que se ha marchado, le negamos la oportunidad de llenar nuestros corazones con la luz de su recuerdo.